Bullying escolar: ¿Cómo identificarlo?

El bullying escolar se ha ido incrementando a lo largo de los años y afecta no solo a los niños, sino que también a padres, profesores y apoderados.

La psiquiatra de Clínica MEDS, María Soledad Calvo lo describe como la presencia de una conducta sistemática de agresión física y/o psicológica que un alumno(a), o un grupo de alumnos ejerce sobre otro, cuyo objetivo final es causar daño o angustia.

La UNICEF clasifica el bullying de la siguiente manera:

  • Física: Empujones, patadas, puñetazos, etc.
  • Verbal: Insultos y apodos.
  • Psicológico: Acciones encaminadas a bajar el autoestimada del niño y fomentar su inseguridad. A pesar de que está en todas las formas de maltrato, se puede expresar verbal o a través de un celular, mail, chat, o bien ignorando o excluyendo a la víctima (bullying pasivo).
  • Social: Pretenden aislar al niño respecto al grupo o ubicarlo en un mal estatus y hacer participes a otros individuos.

Un estudio realizado por la Superintendencia de Educación declaró que las denuncias han ido en aumento desde el 2014. En diciembre del 2017 el bullying había crecido un 25,4% respecto al año anterior, alcanzado las 2.978 denuncias.

Según cifras del mismo informe, los espacios donde los niños son víctima de agresiones son en la propia sala de clases (35,8%) y en el patio (26,7%). Además, el estudio expuso que los cursos con mayor denuncias de violencia fueron los 3ros básicos.

¿Cómo saber si mi hijo está sufriendo de bullying?

La Dra. Calvo recalcó que es importante que los padres estén atentos a ciertas señales en cambios de conducta que pueden indicar que el niño no lo está pasando bien:

  • Cambios en su estado de ánimo sin causa evidente: tristeza, angustia, llanto, dificultades para dormir o cambios del apetito.
  • Cambios conductuales como aparición de agresividad, conductas impulsivas, irritabilidad o poca tolerancia a la frustración.
  • Tendencia al aislamiento, falta de interés por actividades que normalmente disfrutaba y realizaba periódicamente.
  • Aparición de quejas somáticas como dolor abdominal, náuseas o vómitos, asociadas a rechazo por asistir a clases.
  • Bajo rendimiento escolar, dificultades de concentración y atención, además de alta distractibilidad.