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Tendinosis y tendinitis aquiliana

Esta degeneración del tendón de Aquiles se produce generalmente por una falla de los mecanismos de reparación del tendón.

Autores: Valle Jauffret, Ariel
Especialidades: Traumatología y Ortopedia
Sub especialidades: Tobillo y Pie

Centro Médico MEDS
Causas I Síntomas I Tratamiento I Prevención

Definición

"Tendinitis" se refiere al proceso inflamatorio de un tendón mientras que "tendinosis" se refiere a la degeneración del tendón. En el caso del tendón de Aquiles el término más correcto es tendinosis, debido a que no hay un componente inflamatorio importante.


¿Por qué se produce?

Con cada paso que damos se genera un pequeño daño a los tejidos, incluidos los tendones. Normalmente esto estimula una respuesta reparativa que suele superar el daño infringido, pero cuando los mecanismos de reparación fallan o no alcanzan a reparar el tendón a una velocidad suficiente se produce la degeneración del tendón.

Por otra parte, existen algunos factores que se asocian con mayor riesgo de tendinosis aquiliana: Pie plano o pie cavo, desviaciones del hueso del talón, mala elongación y mala condición física, sobrepeso, uso de calzado inadecuado y algunas enfermedades reumatológicas, entre otros.

¿Qué tan frecuente es y en qué deporte se produce más frecuentemente?

Es muy usual, siendo una de las causas más habituales de consulta de la subespecialidad, tanto en sedentarios como en deportistas y en estos últimos se da más en deportes con trote, marcha o carrera. Especialmente se observa en los trotadores, pero también se ve en fútbol, hockey, vóleibol, entre otros.

Síntomas

La relación entre la magnitud del daño del tendón y los síntomas es muy variable. Algunas personas presentan mucho dolor con poco daño y otros son casi asintomáticos y presentan un daño enorme.

El síntoma más frecuente es el dolor en la cara posterior del talón, el que puede ser con los primeros pasos de la mañana y luego ceder en la medida que avanza el día. Además, se siente dolor al inicio de la práctica deportiva o al término de ésta (cuando el cuerpo se enfría). En casos severos el dolor puede ser permanente, dificultando la actividad deportiva e incluso actividades de la vida diaria.

Diagnóstico

El diagnóstico es clínico y su confirmación se realiza mediante imágenes. Los más útiles son la ecografía, que es el examen de primera línea y que en manos expertas permite ver en forma precisa la forma, calidad y grosor del tendón. Además permite identificar vasos sanguíneos patológicos, calcificaciones y signos de roturas, entre otros.

También se pueden realizar radiografías, las que permiten ver la arquitectura del pie en búsqueda de factores que contribuyan a la enfermedad, además de una Resonancia Nuclear Magnética, exámen que suele ser solicitado cuando el diagnóstico no está claro o cuando hay refractariedad a los tratamientos.


Tratamiento

El tratamiento dependerá de los síntomas, de la actividad de la persona y, por supuesto, de la magnitud del daño. Las herramientas usadas son: kinesiología y pautas de ejercicios que se enseñan al paciente, modificación de la actividad deportiva (al menos mientras se consigue un tendón más sano) y corrección de factores asociados, entre otros.

En algunos casos este tratamiento inicial falla y se pasa a un segundo nivel, que incluye ondas de choque extracorpóreas, infiltraciones con elementos especiales y a veces cirugía, la que suele realizarse sólo cuando han fallado los tratamientos previamente descritos.

La magnitud y complejidad de la cirugía aumenta en la medida que el daño es mayor. En ocasiones sólo se realiza una intervención quirúrgica de aseo donde se saca el tejido dañado, otras veces se reseca un bloque parcial o total del tendón, siendo necesario usar injertos o trasladar otros tendones para reparar al Aquiles.

Recuperación

Tras la cirugía se debe cumplir con un período de rehabilitación bien controlado, que varía según la magnitud de la intervención, del estado del tendón remanente y de la actividad que pretende realizar el paciente.

En general, se usa un período de inmovilización con bota tipo CAM, kinesiología y luego el reintegro deportivo.

Prevención

La mejor forma de prevenir la tendinosis aquiliana es corregir los factores de riesgo como: evitar el sobrepeso, mejorar la condición física general, evitar cambios bruscos en entrenamiento, mantener períodos de descanso que permitan la reparación de los tejidos, uso de calzado adecuado, mantener una elongación adecuada y uso de plantillas en casos seleccionados, entre otros.

Además, es muy importante estar atento a los síntomas iniciales, como dolor tras el trote o aumento de volumen o dolor en los primeros pasos de la mañana. En otras palabras, no hay que esperar a tener dolor importante o limitante para consultar a un médico, es mucho más fácil y rápido tratar una lesión inicial que un caso severo.

Esta información es de carácter general e informativa y en ningún caso se puede entender como un consejo sobre tratamiento específico alguno, ninguno de estas indicaciones puede usarse sin previa indicación médica. Consulte siempre a su médico.
Este documento fue revisado en: 09-04-2012
Categorías: Tobillo y Pie
Etiquetas: tendón de aquiles
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