La rotura del LCP se puede producir principalmente por dos razones: Por traumatismo ocurridos en deportes de alta energía, como el fútbol, rugby o judo.
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La rotura del LCP se puede producir principalmente por dos razones: Por traumatismo ocurridos en deportes de alta energía, como el fútbol, rugby o judo. Un golpe o movimientos brusco desestabilizan la rodilla, rompiendo el Ligamento Cruzado Posterior, pudiendo, incluso, afectar algún otro ligamento. Otra de las causas donde se ha visto un alto aumento de lesiones en el LCP es en los accidentes automovilísticos.
SíntomasUna vez ocurrida la lesión, el paciente presentará dolor acompañado de derrame dentro de la rodilla, lo que se conoce como hemartrosis, además de una sensación de inestabilidad importante de la articulación. Cuando el paciente camina siente una constante sensación de debilidad e inestabilidad. Exámenes necesarios para el diagnosticoTras la anamnesis respectiva, el médico confirmará el diagnóstico de la rotura de LCP y la magnitud esta a través de una Resonancia Nuclear Magnética. El uso de radiografía nos puede ayudar a observar cuánto se subluxa hacia posterior en relación a la rodilla contra lateral sana. |
Si el paciente es una persona que realiza actividad física permanente o practica algún deporte en forma habitual, la recuperación debe ser rápida para su reintegro deportivo. En esos casos, se realiza una intervención quirúrgica.
En esta situación, los médicos pueden reemplazar el ligamento lesionado con una parte de un tendón sacado de alguna zona de su cuerpo. Si una porción grande de hueso fue desgarrada por el ligamento lesionado, esta porción puede ser reacomodada usando tornillos internos.
Existe, además, un tratamiento ortopédico a través del uso de una férula, una órtesis especial, que impide la subluxación de la rodilla hacia posterior. Este tipo de tratamiento es aconsejable en pacientes de edad avanzada y el nivel de actividad física que tiene es bajo o cuando no existen lesiones asociadas (rotura de meniscos, otros ligamentos y cartílago, entre otros) y el afectado es sedentario.

El período de recuperación postquirúrgico del Ligamento Cruzado Posterior variará de entre 6 a 9 meses, siendo, incluso, más prolongado que la recuperación tras la rotura de un LCA.
La preparación pre-competitiva es muy importante, toda vez que un buen fortalecimiento muscular ayuda a prevenir este tipo de lesiones. Es por eso que en los deportistas es muy importante el trabajo de cuádriceps y el fortalecimiento de toda la zona.
La rehabilitación de la lesión del Ligamento Cruzado Posterior (LCP), por lo general, es de carácter levemente más conservador que la del Ligamento Cruzado Anterior (LCA) y la progresión del tratamiento dependerá de la gravedad que haya tenido, y de las lesiones asociadas que el paciente haya presentado. En este sentido, la rehabilitación será más rápida en una lesión grado I y II, mientras que será más lenta en una lesión grado III.
En una primera instancia se deben evitar los desplazamientos posteriores de la tibia con respecto al fémur, toda vez que puede generar una tensión que impide la correcta reparación de la zona lesionada, y que llevaría a generar una laxitud residual de la articulación. Para esto se utiliza una férula con control del rango de flexo extensión y con un tope posterior (detrás del extremo proximal de la tibia). Los ejercicios de activación de isquiotibiales comenzarán entre la 8va y 12va semana.


En el proceso de rehabilitación del LCP, el cuádriceps desempeña un rol fundamental. Esto se debe a que este músculo es un estabilizador dinámico de la tibia, y además, contrarresta la tracción posterior de los isquiotibiales.